La Universidad Nacional de Australia determinó, a través de un estudio reciente, que los bosques vírgenes almacenan un 60% más de dióxido de carbono (CO2) que los bosques replantados. Hasta ahora, este factor no se había tenido en cuenta en ninguno de los estudios, como los del Grupo intergubernamental de expertos sobre el cambio climático (IPCC), que se han realizado para determinar la magnitud del calentamiento global.
En el estudio del IPCC, por ejemplo, no se distinguió entre la capacidad de almacenaje de los bosques nuevos (replantados desde cero) y los bosques vírgenes (nunca explotados). Estos últimos tienen una capacidad tres veces superior de captura de CO2; en este tipo de estudios, los datos que se toman son estimaciones en relación a los bosques nuevos, donde se considera “bosque” a árboles de más de dos metros de altura y una copa más amplia que un 10%. Sin embargo, en Australia se considera a un bosque como árboles de más de diez metros de altura y una cubierta de más del 30%. Implica un gran cambio.
El nuevo estudio australiano determina que los bosques no explotados del sureste del país pueden almacenar unas 640 toneladas por hectárea, mientras que el IPCC estimó la capacidad en unas 217. Además de almacenar una gran cantidad de CO2, los bosques vírgenes lo hacen durante mucho más tiempo, ya que los bosques nuevos se explotan en un sistema de rotación: los nuevos árboles replantados se cortan al cabo de un tiempo y se van añadiendo nuevos. Por eso, Brendan Mackey, coautor del estudio, sostiene que es muy importante mantener los bosques no explotados como están, y que el sistema de realizar plantaciones en bosques nuevos para neutralizar emisiones resulta poco útil, ya que no es lo mismo la cantidad neutralizada por un árbol de dos años que por uno de cincuenta o cien.
Por eso se ha pedido al Primer Ministro de Australia, Kevin Rudd, que se termine con la tala de los bosques viejos, lo que supondría el equivalente a no emitir unas 460 millones toneladas de CO2 anuales durante los próximos 100 años. Se pidió que se permita que los bosques ya talados recuperen su capacidad original, lo que supondría el equivalente a un ahorro de 136 millones de toneladas anuales durante 100 años (un 25% de las emisiones australianas durante 2005).
Fuente: Reuters
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