La Fiebre del Oro, ¿quién no oyó alguna vez hablar de ella? En América, en África y claro, también en Australia. La pandemia de esta codicia se extendió por todo el mundo y Australia no fue ninguna excepción. Durante el siglo XIX muchos hombres se dedicaron a esta búsqueda incansable y a estas alturas de la historia ya se han convertido en parte del folclore y la historia nacional, pues el comercio del oro fue uno de los aspectos más importantes de la economía de ese país.
Las primeras vetas de este metal precioso fueron encontradas en 1851 por Edward Hargraves cerca de Bathurst. El estaba empecinado, y con mucha razón, en que las similitudes geológicas entre California y Australia indicaban que allí debía también debía haber oro. ¿El resultado? Al año siguiente llegaron 32.000 inmigrantes debido al “boom” del oro y se produjo el crecimiento del país y su economía. Los recién llegados (chinos, alemanes, italianos, americanos, húngaros, polacos y franceses), poblaron Australia más rápido que las colonias penales.
Hoy, la zona de Goldfields es un lugar especial que conserva cierta mística de aquellos años locos. En ella hay pueblos y ciudades con mucha historia y mezcla cultural así que provenís de algún país con una inmigración parecida (Estados Unidos, Argentina) veréis un multiculturalismo familiar.
¿Las ciudades para recorrer? Ballarat, Bendigo, Heathcote, Clunes y algunos sitios más. ¿Qué hacer? Os recomiendo el propio itinerario que propone la zona, el Goldfields Touring Route, una recorrida por sitios históricos y naturales que versan sobre la fiebre del oro, y además está el Tour del Vino, especial para los amantes de esta bebida milenaria.
Vía: About Australia
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